Sin perdón

Sin perdón

sin-perdonTras las numerosas críticas del último filme de Clint Eastwood, El francotirador, por su relamido patriotismo y desprecio hacia la sociedad iraquí, me gustaría recordar algunas de las películas imprescindibles del director norteamericano, como las memorables Gran Torino, Sin perdón o Million Dollar Baby. Como cada una merece su propio espacio, en este post me centraré en Sin perdón, uno de los mejores westerns de la historia del cine, y probablemente el mejor de los años noventa.

El curtido William Munny (Clint Eastwood) es un pistolero retirado, viudo y padre de familia, reformado gracias al amor de su mujer pero que sufre enormes dificultades para sacar adelante a sus hijos. Abrumado por la dureza de la vida en la granja, que se refleja en una escena con unos cerdos de un patetismo angustioso, William aprovecha la oportunidad de ir en busca de una recompensa junto a Ned (Morgan Freeman) y un joven inexperto (Jaimz Woolvett), para volver a su oscuro pasado.

Su labor consiste en vengar a una prostituta acuchillada en el inhóspito pueblo de Big Whiskey, donde el brutal sheriff Little Bill (Gene Hackman) se muestra indiferente a la petición de justicia por parte de las mujeres. Paralelamente, el extravagante asesino Bob El Inglés (Richard Harris) acude también para cobrar la recompensa y trae consigo a su biógrafo, que se dedica a transformar en heroicidad las fechorías de su protagonista. La escena final recuerda a la brutalidad de algunos pasajes de Quentin Tarantino, es una sangrienta matanza en la que pocos quedan en pie.

La fotografía de Jack N. Green obtuvo la nominación al Óscar; desde la escena inicial con el plano del atardecer, la granja y el árbol a contraluz, pasando por los bellos encuadres de las espectaculares localizaciones en Alberta (Canadá), para reflejar la frontera del Medio Oeste, todos los planos constituyen una obra maestra.

Ganadora del Óscar a la mejor película y al mejor director, Sin perdón se ha convertido en un clásico del cine del Oeste, en el que se desacredita la figura del héroe y, en cierta medida, supone una burla a la heroicidad (en parte ejemplificada por el novelista que reescribe los acontecimientos).

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.