Relatos de un piloto atunero

Relatos de un piloto atunero

alfonso-vegaAsí es como mi hermano, Alfonso Vega, titulará su próximo espacio para compartir sus experiencias como piloto de helicóptero en un barco atunero en el Pacífico. Todos los días escribe un breve relato de sus vivencias y anécdotas que nos irá transmitiendo en cuanto tenga acceso a algún tipo de comunicación. Desde que partió a finales de noviembre hacia Kiribati, una isla situada a unos 3.000 kilómetros al sur de Hawai y alrededor de 10.000 kilómetros al nordeste de Australia, apenas se puede contactar con él.

Sólo se le puede enviar un email a la semana, a la atención del “Pilot Alfonso Vega”, un correo electrónico que imprime el capitán del barco y se lo da a mi hermano. No reciben todos los emails que enviamos y hemos llegado a estar alrededor de dos semanas sin tener ninguna noticia de él. En el primero de ellos nos explicaba esto: “Aquí ando en el barco ya metido en mi zulo desde el que os escribo. La verdad es que no está tan mal como lo habían pintado, es cierto que se trata de un barco coreano, que al parecer son un lujo si se comparan con los atuneros taiwaneses y los chinos. Mi litera es bastante grande, en un camarote compartido, así que no puedo quejarme. En cuanto a la comida, se trata básicamente de arroz y otros alimentos extremadamente picantes”. Y continúa: “Como ya tengo al cocinero en el bolsillo a mí me prepara comida aparte no picante, y, aunque no habla ni una palabra de inglés, nos entendemos perfectamente, suelo pasar las tardes con él en la cocina mientras prepara la cena y me río como un enano cuando me dice que su plato favorito son los sesos de mono (como en Indiana Jones, jejejeje) y yo le hago señas indicándole que ahora voy a comprobar todos los días lo que cocina…”.

Alfonso Vega pilota un helicóptero en un barco atunero en el Pacífico

Alfonso vuela con un piloto salvadoreño en un barco atunero llamado Elspeth. El primer vuelo que realizó fue de 15 minutos, para habituarse al helicóptero, pero al tratarse de un barco que cuenta con una plataforma que se eleva hasta 5 metros de altura en cuestión de segundos resulta complicado aterrizar con el vaivén de las olas. A pesar de ello, cuenta que la plataforma está cuidada por el mecánico, que es muy preciso y detallista en su trabajo. Tras un par de semanas en el mar siguiendo un proceso de instrucción para adaptarse a la nueva máquina se ha sentido muy a gusto, a pesar de haber estado unos meses sin volar tras el accidente de helicóptero que sufrió en Chile. “Me encanta esta máquina, es un juguete con potencia, me alegro haber venido aquí y no en otros barcos donde usan un Robisnson 44, mucho menos potente, ya que aquí se dan muchas situaciones en las que necesitas que la máquina te responda rápido y con eficacia”, subraya.

El barco ha descargado más de 600 toneladas de pescado en Rabaul (Papúa Nueva Guinea)

A mediados de diciembre llevaban 600 toneladas de pescado. Una vez lleno el atunero, descargaron la pesca en Rabaul (Papúa Nueva Guinea), el puerto más cercano a su ubicación. Al parecer, se trata de uno de los lugares más peligrosos del mundo. “Por lo que me han contado, en ese puerto no podemos ni bajar del barco, debe ser uno de los sitios mas peligrosos del mundo, hasta los propios marineros de allí dicen que les da miedo ir a buscar provisiones”, puntualiza. Falta poco para que el piloto salvadoreño se vaya a otro barco, así que aprovechan para charlar todo el día, ya que estarán una larga temporada sin hablar español. Salieron del puerto antes de lo previsto, en ruta hacia aguas internacionales. En Rabaul no había WiFi en ningún sitio, la única opción para acceder a internet era pagar 100 euros en un hotel. Aunque Alfonso no quiere volver a Rabaul, el sitio más peligroso en el que ha estado nunca, al parecer la siguiente descarga tendrá que ser en ese puerto, ya que deben renovar la licencia de pesca de Papua Nueva Guinea.

Gracias al ebook los días no se hacen eternos, ha leído más novelas en un mes que en el resto de su vida, y también se ha creado un horario para estudiar y hacer ejercicio, especialmente ahora que el piloto salvadoreño se ha trasladado a otro atunero.

“En lo que al vuelo se refiere, éste no es un buen barco, ya que se vuela muy poquito, unas 30 horas al mes (comparado con otros que se vuelan 100 horas al mes) pero no me quiero arriesgar a pedir cambio de barco y que me manden a un chino o a un taiwanés”, explica, señalando además que está intentando gestionar con un capitán de Bermeo que le trasladen a su barco en varios meses.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.

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