Relativismo cultural vs Derechos Humanos

Relativismo cultural vs Derechos Humanos

marrakech5En la era de la información, la diversidad cultural se hace cada vez más evidente y los choques entre las diferentes sociedades son abrumadores. La guerra que aún hoy sacude Afganistán es un claro ejemplo de ello. La diversidad significa diferencia, y ésta se manifiesta en todas sus vertientes: histórica, cultural, social y lingüísticamente. Muchos pensadores justifican ciertas violaciones de los Derechos Humanos otorgando argumentos culturales. Así, por ejemplo, para ellos no es incorrecto practicar la ablación puesto que se trata de una tradición cultural de ciertas regiones africanas y, por tanto, no debe menospreciarse. A esa actitud se le llama “relativismo cultural” (la doctrina que ninguna creencia, juicio o suposición procedente de una ideología dada, es, en términos objetivos, más digna de adherencia que cualquier otra, o al menos que cualquier otra que haya reunido unas mínimas características necesarias para calificarla como un derecho: Brill, E.J.: Cultural relativism and philosophy. North and Latin American Perspectives. Edited by Marcelo Dascal. The Netherlands: Leiden, 1991. Página 77). Otros filósofos, sin embargo, consideran que los Derechos Humanos están por encima de cualquier cultura y, por tanto, consideran algunas sociedades superiores a otras. Esa es la opinión del filósofo argentino Juan José Sebreli, que garantiza que la única civilización que proclamó la igualdad de todos los hombres fue la occidental, y, aunque sólo fuera por eso, “debe reconocerse que es mejor que otras civilizaciones que consideran insuperables las diferencias entre los pueblos” (Sebreli, Juan José: El asedio a la modernidad. Crítica del relativismo cultural. Barcelona: Editorial Ariel, 1992. Página 65).

Independientemente de estas afirmaciones, no cabe duda de que existen diferencias entre las culturas. Sin embargo, los Derechos Humanos son universales y deberían aplicarse en todas las sociedades haciendo caso omiso de sus principios culturales o históricos. Veamos algunos ejemplos donde el relativismo cultural choca con la aplicación de los Derechos Humanos:

¿Permitir o prohibir el uso de ‘chador’ en los colegios franceses?

En Francia tuvo lugar un tenso debate sobre si se debía permitir que las niñas de religión islámica acudieran al colegio con el chador (es una prenda externa usada por las mujeres de religión musulmana. Es uno de los posibles modos por el cual una mujer musulmana puede seguir el código del vestigo del hijab. Un chador cubre al portador desde la cabeza hasta los dedos del pie, dejando solamente las manos y parte o toda la cara expuesta). Los principios franceses requieren que todos los estudiantes vistan del mismo modo, sin excepciones de ninguna clase. Sin embargo, esta postura choca con la idea de que ciertas estudiantes vistan según sus propias reglas, por lo que el primer posicionamiento puede tacharse de particularista. El relativista cultural, sin embargo, aceptaría que las niñas llevaran chador porque su tradición cultural así lo requiere, y eso está por encima de todo.

La ablación: rito ancestral y atentado contra la integridad física.

Otro debate que acarrea aún más polémica, si cabe, es la discusión sobre ciertas prácticas africanas prohibidas en los estados europeos, como por ejemplo la circuncisión femenina. Los relativistas culturales tienden a considerar la ablación del clítoris como una prohibición propia del etnocentrismo cultural cristiano, sin tener en cuenta “la idea universalista que obliga a garantizar la integridad del clítoris a todas las mujeres, aunque sean somalíes” (Giner, Salvador y Scartezzini, Ricardo: Universalidad y diferencia. Madrid: Alianza Editorial, 1996. Página 28.). De un modo u otro, se han dado casos en Barcelona de ablación en algunas mujeres, práctica prohibida en España por el incumplimiento del derecho a la integridad física que pregonan los Derechos Humanos. En algunos casos la ley se ha anticipado y se ha conseguido evitar la ablación previendo su puesta en práctica. El diario ADN publicó en enero de 2008: Una familia gambiana pierde la custodia de sus hijas ante el riesgo de ablación. En este caso, el juez temía que la familia se llevara a sus hijas a su país de origen para llevar a cabo la ablación. Sin embargo, la Asociación de Mujeres AntiMutilación (AMAM), consideró la decisión judicial “equivocada y racista”, lo que resulta, como mínimo, paradójico.

Las instituciones públicas están tomando conciencia de esta nueva problemática: de hecho, la Generalitat de Cataluña aprobó en febrero de 2008 un proyecto de ley para reconstruir el clítoris a las mujeres que lo soliciten. Esta información salió publicada en ‘El País’ el 18 de febrero de 2008: La Generalitat financiará las reconstrucciones de clítoris a mujeres víctimas de una ablación. Se trata de una iniciativa que se recoge en el proyecto de ley de las mujeres para la erradicación de la violencia machista.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer, y las estadísticas auguran que se trata de un terreno espinoso, sobre todo porque es muy difícil de detectar. La agencia de noticias Europa Press ha publicado recientemente un estudio realizado por una antropóloga de la UAB, Adriana Kaplan. Según esta teórica, más de 500 niñas residentes en Cataluña tienen riesgo de sufrir una mutilación genital cuando vuelvan a su país de origen. Asimismo, Cataluña es la comunidad autónoma que acoge a más mujeres procedentes de países donde se practica la ablación, con un total de 4188 mujeres censadas en 2001 y que constituyen el 43,8% del total de España.

Violación de la intimidad vs. Protección familiar

Otra polémica que ha dado pie a numerosas discusiones es la intromisión por parte de las autoridades policiales en la vida privada o familiar con el objeto de impedir que se lleve a cabo algún tipo de violencia doméstica o de género. Y es que, para ciertas sociedades, esta vigilancia de la vida familiar se considera una violación de la intimidad imperdonable, que no se justifica ni siquiera por las benévolas intenciones de las autoridades. Nuevamente nos hallamos ante el dilema de escoger entre una tradición cultural particular y unos derechos supuestamente universales.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.