Petra: una de las maravillas del mundo

Petra: una de las maravillas del mundo

petra5Ese lugar mágico, arquitectónicamente espectacular, se enturbia con el constante e insufrible acoso de niños, beduinos y hasta camellos que se acercan a pedir, pedir y pedir

A las 7 de la mañana me marché del Hostel de Madaba, sin poder despedirme de Mostafa, ya que había ido a comprar pan recién hecho para el desayuno de los huéspedes. Cogí un taxi a la estación de autobuses por un dinar jordano y allí empezó la aventura del día. Pregunto qué autobús debo coger para ir a la South Station de Amman para coger un minibus hacia Wadi Musa (Petra), pero nadie habla inglés, ni siquiera lo entienden cuando lo escribo. Por suerte la noche anterior Mostafa me había anotado en un papel la transcripción al árabe de South Station, y entonces uno de ellos me dice “yadla, yadla” (vamos, vamos). Y le sigo. Me subo en el autobús que me indica, absolutamente destrozado. Los cristales están todos resquebrajados los asientos hechos polvo, algunos de ellos ocupados por dos o tres mujeres musulmanas y sus niños. Confió en él porque en el exterior pude leer escrito en árabe “عمان – مأدبة” (Madaba – Amman).

Media hora después partimos, tras pagar cinco dinares, y a la hora y media de trayecto realizamos una pausa en medio del desierto, donde había un pequeño “kiosko”. Continuamos y las personas se van bajando en medio de la nada. Cuando llegamos a Wadi Musa, el conductor se para, se dirige a mí y me dice: “Your hotel” (señalando el Tetra Tree donde efectivamente tenía reservada una noche). Al parecer, cuando le pregunté “Petra”, mostrándole la reserva del hotel, recordó el nombre y me bajé justo en la puerta del mismo, a media hora de camino de la estación de Wadi Musa. Entro en el lujo hoteleizado. Tras varias noches durmiendo en lugares ciertamente poco agradables, ese hotel me vino de perlas para afrontar con más comodidad la diarrea que soporté desde el momento mismo en el que pisé Jordania. Un botones llevó mis mochilas a la habitación. Francamente me daba vergüenza estar allí con mi apariencia mochilera, pero 30 dinares por una noche de lujo me parecieron más que apropiados para darme una buena ducha, relajarme y afrontar la diarrea. Las vistas eran impresionantes, desde lo alto de Wadi Musa se podía contemplar todo el pueblo y al fondo las montañas de Petra. Un auténtico espectáculo.

Cuando me cansé de los maleantes y hastiada del peso de mis mochilas decidí irme a comer antes de coger el autobús Jett que partía a las 16h hacia Amman. Una nueva aventura comenzaría en ese preciso instante, pero la relataré en el próximo capítulo.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.