No decía palabras

No decía palabras

BarcelonaEl deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

La vida de Cernuda se vio marcada por el exilio, la homosexualidad, la muerte de su madre, la relación amor-odio que le unía a España y, sobre todo, por su pasión por la lengua, por la poesía. Pero más allá de estos conceptos, el título que recoge su obra, La realidad y el deseo, ya hace mención al fundamento de sus poemas: la cruda realidad, ese desencanto que expresa hacia tantos aspectos de su vida; y el deseo, esa insatisfacción de tantas necesidades del poeta. Según Luis Maristany, en Poética, tema y conciencia de un libro, el deseo hace referencia a una “acepción eficazmente vaga de hálito vital, avidez sin objeto, pulsión erótica, por tanto mucho más amplia que la de amor pero que a su manera la engloba”. Por otro lado, se refiere a realidad como un término que a la vez “prohíbe y tienta”. El deseo ya queda patente en “Si el hombre pudiera decir”, ese anhelo insatisfecho “por culpa” del sistema político y social que gobierna España, esa necesidad de expresar “su” verdad, enfrentada con la realidad del momento.

Tú justificas mi existencia.

Si no te conozco, no he vivido.

Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

En el título del poema que nos atañe, “No decía palabras”, ya habla de lo que supone el deseo, ese deseo que no se puede expresar con palabras, únicamente con el cuerpo:

No decía palabras,

Acercaba tan sólo el cuerpo interrogante

Cernuda alude al deseo nunca satisfecho, puesto que, al fin y al cabo, si el deseo se satisficiera ya no sería deseo. Y es que el deseo de amar de una persona, por ejemplo, deja de ser deseo, y pasa a ser realidad, cuando se enamora.

En la comparación de la primera estrofa,

Porque ignoraba que el deseo es una pregunta

Cuya respuesta no existe,

Una hoja cuya rama no existe,

Un mundo cuyo cielo no existe.

Cernuda alude a la carencia de una parte fundamental de la existencia del deseo: una respuesta. Una hoja sin rama no es hoja, un mundo sin cielo no es mundo, un deseo sin respuesta no es deseo. Es paradójico que el deseo necesite una respuesta si es imposible que la tenga, puesto que, desde el momento que la tiene, deja de ser deseo.

Y esa falta de respuesta genera una angustia inevitable en Cernuda, desde lo más profundo de su interior (de los huesos) hasta la exteriorización (la carne), que no satisfacción:

La angustia se abre paso entre los huesos,

Remonta por las venas

Hasta abrirse en la piel,

Surtidores de sueño

Hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

En la tercera estrofa Cernuda hace referencia al deseo sexual:

Un roce al paso,

Una mirada fugaz entre las sombras,

Bastan para que el cuerpo se abra en dos,

Ávido de recibir en sí mismo

Otro cuerpo que sueñe;

Mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,

Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Pero se trata de un deseo muy sutil, “un roce”, “una mirada fugaz”, como si precisamente fueran los momentos previos al sexo los que incitaran ese deseo, que deja de serlo una vez culminado el acto sexual. El término “ávido” alude claramente a esa necesidad, a ese deseo de placer. Y con “iguales” (“iguales en figura”) se refiere probablemente a esa homosexualidad que no abandona su vida, su obra.

Y esa estrofa final,

Aunque sólo sea una esperanza,

Porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

que termina el poema con tanta fuerza como con la que empieza.

Esa “esperanza” es una clara muestra de que el deseo no se ha satisfecho, es una mero anhelo de que algún día se realice. Y precisamente en su poema “Despedida”, habla de ese deseo (en el poema “codicia”) de poseer lo que inevitablemente ya no puede tener, porque es demasiado tarde:

De joven no sabía

Ver la hermosura, codiciarla, poseerla;

De viejo la he aprendido

Y veo la hermosura, mas la codicio inútilmente.

Frescos y codiciables son los labios besados,

Labios nunca besados más codiciables y frescos aparecen.

“La codicio inútilmente”. El deseo, el deseo que ya no satisfará, porque es una pregunta cuya respuesta nadie sabe. Ese deseo cuya respuesta nadie sabe es un concepto muy abstracto, que alude quizá a ideas mucho más amplias que el sexo, como el amor o la libertad. En El banquete o del amor, el texto de Platón, se cita que “El amor no es hermoso porque no posee la belleza, puesto que la desea y sólo se desea lo que no se tiene”.

Hay muchas cosas que Cernuda no  tiene. De ahí ese deseo.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.