‘Más allá del tiempo’

‘Más allá del tiempo’

grossmanEn el aeropuerto las horas en ocasiones se hacen eternas. Las novedades literarias de las librerías se convierten en un gran pasatiempo, pero casi mejor resulta ver quién coge, hojea e incluso husmea las novelas. Antes de fijarme en Más allá del tiempo, que publicó el sello Lumen en 2011, me llamó la atención el hombre que lo sostenía. Su expresión de admiración me cautivó de tal modo que cuando volvió a colocar la novela de David Grossman sobre la estantería me precipité sobre ella. Leí la contracubierta:

Callados

estuvimos esperando la mañana.

Una mañana

que no

llegaba.

La sangre

no

corría por las venas.

Me levanté, te envolví

en una manta,

me agarraste la mano, me miraste

a los ojos: el hombre

y la mujer

que un día fuimos

inclinaron la cabeza

en señal de despedida.

 

Y los primeros versos:

EL CRONISTA: Sentados y cenando el rostro del hombre se transforma de repente. Con un gesto brusco aparta el plato que tiene delante. Un tintineo de cuchillos y tenedores. Se levanta, se queda de pie y parece no saber dónde está. La mujer se remueve en su silla. La mirada de él revolotea alrededor de la mujer sin terminar de posarse, y ella – que ya se ha visto sacudida por la desgracia – lo nota enseguida, aquí está otra vez, ya me está tocando los labios con sus fríos dedos. ¿Pero qué te pasa?, le susurra con los ojos, y el hombre la mira atónito-.

 

Y la compré.

La leí en el avión. Ni siquiera me distrajeron las constantes interrupciones de los altavoces a todo volumen. Las palabras de Grossman fluían ante mí con tal vitalidad y, a la vez, melancolía, que no podía apartar los ojos de ella. La terminé antes de que anunciaran el aterrizaje y me vi sumida en un estado de nostalgia y aflicción tan ilusorios como palpables. Incluso para quienes no tienen hijos y no han sufrido una pérdida tan dolorosa, resulta una novela sobrecogedora, apabullante y turbadora. Intensa de principio a fin. Como todas las novelas de Grossman.

El origen de Más allá del tiempo debe buscarse en la dolorosa pérdida para el escritor de Jerusalén de su hijo. Todo comenzó cuando Grossman, fiel a su activismo en la lucha por la paz en conflictos como la Segunda Guerra del Líbano, participó en 2006 en una rueda de prensa junto a Amos Oz y a A. B. Yehoshúa para instar al gobierno a aceptar un cese al fuego. Dos días después, su hijo Uri, de 20 años, sargento de una unidad de tanques, falleció alcanzado por un misil durante una operación en el sur del Líbano. Usando las palabras como anclas para no caer en la locura, Grossman ha querido cerrar con Más allá del tiempo una historia que empezó con La vida entera, y nos lleva a lugares donde solo el genio de un gran escritor puede caminar.

Ganador del Premio Albatross y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Florencia, el autor israelí también ha destacado por sus ensayos, entre los cuales vale la pena mencionar Presencias ausentes, La muerte como forma de vida y el más reciente Escribir en la oscuridad, publicado por Debate en 2010.

Grossman contribuye con Más allá del tiempo a la excelente y recomendable producción literaria israelí, sumándose a maestros como Agnón, Yehoshúa o Amos Oz.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.

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