Más allá del amor, quiero decírtelo con el olvido

Más allá del amor, quiero decírtelo con el olvido

olvidoTe quiero. Más allá del amor, quiero decírtelo con el olvido.

Te quiero. Los placeres prohibidos. Luis Cernuda

23 de abril de 1931. Ha caído Primo de Rivera, crecen los ánimos republicanos de “liquidar la monarquía”, en palabras de Santos Juliá. Pero es muy difícil emanciparse de la historia, de “esa doctrina elaborada hace cuatro siglos en defensa y propaganda de la monarquía católico imperialista”. “Lo que el pueblo español tiene pendiente es el derrocamiento del entero Estado monárquico: las jerarquías políticas antiguas y sus feudos caciquiles, la impotencia de la administración paralizada por las corruptelas y los compromisos, el oscuro dominio de los institutos, corporaciones y gremios que tienen mediatizada la soberanía nacional”, aclara Juliá. Y precisamente Cernuda necesita desligarse de esas ataduras conservadoras, necesita expresar lo que incluso en la II República estará mal visto: su deseo homoerótico. Solamente por ser el primero en expresar sus afinidades homosexuales se trata de un poeta comprometido socialmente.

Harold Bloom apunta que “ningún otro poeta contemporáneo de su talento […] fue tan solitario como el exiliado Cernuda”. Según él, “no conoció más vida que su poesía”. Vivía por y para la poesía. Y, a pesar de que su tradición “no es andaluza”, a juicio de Bloom, sino “la del romanticismo europeo”, nunca pudo desligarse de su lengua materna. Era el que más se había distanciado de España, del catolicismo, y de gran parte de la riquísima tradición literaria de su país. Esto se desprende de gran parte de su poemario, pero como odio acérrimo a su origen, que, en realidad, es amor profundo, puesto que una persona no puede odiar sin haber amado antes.

Aunque no se debiera ahondar en la intimidad amorosa del poeta, he considerado necesario al menos hacer mención de la que para Francisco Chica fue “la más absorbente y atormentada historia amorosa de su vida”, que supuestamente mantuvo con Serafín. En toda la obra Los placeres prohibidos, Cernuda menciona y describe a adolescentes, que se deduce son un claro reflejo de Serafín.

Y es que la descripción de Serafín que realiza Morla Lynch, y que proporciona Chica en Luis Cernuda y la tentación surrealista (“[…]Pequeño de estatura, pero proporcionado, de cabellera ondulada y de tez ligeramente broncínea, tiene esa expresión, entre risueña y dolorida, propia de los adolescentes que acaban de pasar por una infancia triste”[…]), tiene un parecido asombroso con el adolescente que describe Cernuda en Los placeres prohibidos.

Chica también puntualiza que Los placeres prohibidos se centra en “la introspección en los oscuros dominios del deseo y el poder indomable de la sexualidad”. El deseo, la sexualidad, conducen al amor. En El acorde, el propio Cernuda dice: “Nada puedes percibir, querer ni entender si no entra en ti primero por el sexo, de ahí al corazón y luego a la mente”. Por este motivo, considero que con el Te quiero, con esa declaración de amor, hace referencia a uno de sus amantes, probablemente Serafín. Basado en el surrealismo, en sus poemas se desprende ese automatismo que caracteriza el movimiento vanguardista. No hay fronteras entre su vida y la palabra. Cuando murió su madre, en 1928, decidió trasladarse a Tolouse, donde desarrolló su época sincera, en la que se liberó en el amor y en la verdad de sí mismo, y en la que escribió Un río, un amor.

En Palabras antes de una lectura, Cernuda dice que “aunque el poeta pierda con el tiempo, como cualquier otro mortal, la capacidad de enamorar, es difícil que pierda también la de enamorarse”. Quizá este pensamiento sea la base del poema que nos concierne, porque si el amor que siente hubiera sido correspondido, no querría expresarlo con el olvido, como concluye.

TE QUIERO
Te quiero.
Con qué fuerza empieza. Un “te quiero”, en clara alusión al amor. En el resto del poema alude a elementos naturales para realizar su declaración, para tratar de describir cuán grande es ese sentimiento.

Te lo he dicho con el viento,
Jugueteando como animalillo en la arena
O iracundo como órgano tempestuoso;

El viento se puede mostrar en dos vertientes totalmente opuestas: o bien suave (“jugueteando como animalillo en la arena”) o bien con fuerza (“iracundo como órgano tempestuoso”). El amor se puede expresar con ternura, con delicadeza, pero también con dureza, con pasión exacerbada. De ahí la metáfora.

Te lo he dicho con el sol,
Que dora desnudos cuerpos juveniles
Y sonríe en todas las cosas inocentes;

Recuérdese esa descripción que Morla Lynch realiza de Serafín: “De tez ligeramente broncínea”. Si se aplica al verso “que dora desnudos cuerpos juveniles”, indudablemente nos hace pensar en el supuesto amante del poeta. Y con el “desnudos” se hace patente la presencia del erotismo que caracteriza la obra de Cernuda. El sol ilustra el calor, la inocencia, la ternura, la alegría (“sonríe”).

Te lo he dicho con las nubes,
Frentes melancólicas que sostiene el cielo,
Tristezas fugitivas;

En cambio, con las nubes evoca la tristeza, la melancolía, la desolación. De hecho, él mismo las compara con esas “frentes melancólicas” y esas “tristezas fugitivas”. El poema va decayendo desde la alegría de los primeros momentos del amor, a la melancolía producida más adelante, bien debido al desengaño, o bien a no ser correspondido.

Te lo he dicho con las plantas,
Leves criaturas transparentes
Que se cubren de rubor repentino;

Con las plantas parece representar la inocencia de ese amor, siempre delicado y tierno como un adolescente (“leves criaturas”, como si fueran frágiles; “rubor repentino”, como el de un adolescente ante los primeros indicios del amor).

Te lo he dicho con el agua,
Vida luminosa que vela un fondo de sombra;
Te lo he dicho con el miedo,
Te lo he dicho con la alegría,
Con el hastío, con las terribles palabras.

Se lo ha dicho de todas las formas que ha podido, con todas las palabras (incluso las terribles) y con todos los sentimientos que implica el amor. Sólo hay un punto en el poema, que da paso a la estrofa final, como si se tratara de una sentencia.

Pero así no me basta:
Más allá de la vida,
Quiero decírtelo con la muerte;
Más allá del amor,
Quiero decírtelo con el olvido.

El final es revelador. No le basta con decirlo con la vida. Es tan intenso ese sentimiento que quiere expresarlo con la muerte. Es tan doloroso que quiere olvidarlo. Toda esa belleza supuesta del amor se ve frustrada al no satisfacer el deseo de poseerlo. “El amor no es hermoso porque no posee la belleza, puesto que la desea y sólo se desea lo que no se tiene” (Platón). El hecho de querer olvidarlo es también signo de su intensidad. Según Bloom, “Cernuda salta a lo demoníaco y se lamenta por la destrucción de la hermosura, tanto de la naturaleza como de los seres humanos”. El deseo se entronca con la realidad. ¡Ay!, La realidad y el deseo.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.