Los suecos y la novela negra

Los suecos y la novela negra

Asesinos-sin-rostro-portadaNo sé qué tienen los suecos con la novela negra. Pero no cabe duda de que son unos maestros en eso de mantener en vilo al lector. Es bien conocido por todos el éxito de Stieg Larsson con su saga Millenium, sobre la poco ortodoxa investigadora Lisbeth Salander. Pero también cuenta con un gran prestigio en este género el escritor holmiense Henning Mankell, creador del inspector de policía Kurt Wallander, uno de los investigadores más sensibles que ha dado la literatura contemporánea. Con El hombre inquieto, el onceavo libro de la saga, Mankell se despidió de su inspector Wallander, un libro que alcanzó durante varias semanas el puesto número uno de ventas en España. Tras caer rendida ante la novela negra noruega gracias a Jo Nesbø, este enero me he enganchado a la colección de Mankell, básicamente por el encanto del inspector Wallander, a veces desquiciado.

Asesinos sin rostro (1991) es la novela en la que aparece por vez primera el famoso detective. La historia comienza con un hombre y su esposa brutalmente asesinados. No hay rastro del asesino ni un motivo discernible, como tampoco testigos. Las pocas pistas que se encuentran no llevan a ningún sitio, pero Kurt Wallander no cesa en su empeño por encontrar al asesino (o asesinos). Asesinos sin rostro refleja una sociedad sueca que se enfrenta a la crisis económica en una encrucijada por la presencia irregular de numerosos inmigrantes, con elevadas tasas de desempleo y la aparición de un partido claramente xenófobo en el parlamento. ­Una de las mayores virtudes de Mankell en esta novela es la incorporación de un elemento moral a un argumento ya de por sí fascinante.

También se puede realizar una lectura moral de una de sus novelas más emblemáticas, El ojo del leopardo (2010), publicada por Tusquets. El escritor de sesenta años, influenciado quizá por los años vividos en Mozambique, nos traslada en este increíble libro a las profundidades de África, a la hechizante Zambia. El joven Hans Olofson viaja a ese país para visitar la tumba de un misionero legendario; embelesado por los encantos del país permanece allí durante dieciocho años. No obstante, a pesar de sus pretensiones solidarias, el racismo de los blancos acabará por consumirle y empezará a temer por su propia vida.

El ojo del leopardo, aunque no tiene el éxito de la saga Wallander, ha recibido muy buenas críticas nacionales e internacionales. Os dejo un pequeño fragmento que refleja a la perfección la descripción que The Independent realiza del libro: “Un escalofriante viaje al corazón del miedo, la alienación y el desespero”.

‘No quiero morir en el suelo. Desnudo y con cucarachas recorriéndome la cara’. La fiebre avanza por su cuerpo igual que impetuosas y sucesivas olas de tempestad. La cabeza le arde como si miles de insectos estuvieran picando y taladrando su frente y sus sienes. Poco a poco va perdiendo el conocimiento, sumergiéndose en senderos subterráneos donde, tras las sombras, se vislumbran las distorsionadas imágenes de las pesadillas. “No puedo morir ahora”, piensa aferrándose a la sábana en un intento por mantenerse vivo.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.