La viva palabra, a oscuras, viva

La viva palabra, a oscuras, viva

igelmoA oscuras, en el bar Es Pinzell de Palma, sólo se oye el ritmo discontinuo de las respiraciones expectantes, emocionadas por lo desconocido, por lo que está por llegar. Se oyen ametralladoras, disparos intermitentes, hasta que nos sumimos en el silencio. Poco a poco, empiezan a brotar las palabras de la boca del poeta mallorquín Àngel Igelmo Segura (Palma, 1983) . No se le ve, sólo se intuye su silueta, que va recorriendo el pasillo, entre las mesas del bar, acercando y alejando las palabras a los oyentes, con su vaivén. Son todas distintas, pero forman un todo unitario: Tren, vaixell, caravana de gitanos/curs d’aigua baix un pont, bosc/flames, primera línia de foc, trinxera/paràbola, explosió i mort./Així s’acaba l’existència (Tren, barco, caravana de gitanos/ curso de agua bajo un puente, bosque/ llamas, primera línea de fuego, trinchera/ parábola, explosión y muerte./ Así acaba la existencia). Más palabras, emocionales y emocionantes, nos trasladan a un mundo en el que se combina el dolor de la guerra con la búsqueda de la felicidad en las pequeñas cosas, con el amor a la tierra y a la naturaleza. Y ese mundo, que recuerda, salvando las distancias, a los que creó en sus primeros libros Haruki Murakami, es fruto de la naturalidad, de la emoción, y, ante todo, de la sinceridad.

Las palabras que pronunció el escritor palmesano aparecen dibujadas en Solell, su libro de poemas que hace un par de meses publicó la colección de poesía joven La Cantàrida, de Edicions Documenta Balear. Este libro nace de las emociones que le provocaron a Igelmo el relato de un joven que perdió a su familia defendiendo su ciudad natal, Jajce, en Bosnia, durante la guerra que sacudió la zona en los años noventa. A partir de él creó un monólogo (Fumar no és dolent [Fumar no es malo]), en cuyo final incluyó veintitrés “gritos existenciales”, que constituyen a su vez los títulos de la primera parte del libro.

El poeta palmesano compartió junto con su novia Maria (que protagoniza, a mi juicio, uno de los más bellos poemas del libro) una experiencia única en Montenegro, donde tuvieron ocasión de vivir alrededor de un año, entre 2007 y 2008, y que constituye la esencia de los primeros poemas. Allí se empapó de su cultura, de sus tradiciones, de su literatura (baste referenciar las grandes influencias de Solell: Danilo Kiš, Dukovski, el ruso y futurista Khlebnikov y el director de cine Isa Qosja). Con las independencias de Montenegro (2006) y Kosovo (2008) recientes, Igelmo buscaba porqués en un territorio cuyas heridas aún estaban en carne viva. Escribir es “una necesidad imparable de sacar lo que llevo dentro”, me explica entre sorbo y sorbo de su café solo, sin azúcar. En ocasiones, reconoce que es posible “autoinflingirse” un sentimiento para escribir. Porque las palabras escritas son emoción y aún más las palabras dichas. Por eso, ya con diecinueve años formaba parte del grupo poético Bebelgidit y aún hoy se reúne con sus amigos para escribir, recitar, compartir textos y acompañarlos con música, en unas tertulias que comienzan sosegadas y acaban derivando en el desenfreno.

Se confiesa un hombre de altibajos, quizá por ello Solell nada entre la tragedia y el optimismo con una velocidad pasmosa. El propio título (“Solell”: sol, lugar donde da el sol) invita a la esperanza e ilusión y muchos de sus poemas confieren un aliento vital indiscutible al lector (La felicitat dels camins [La felicidad de los caminos], L’origen de la felicitat [El origen de la felicidad], L’amor a l’infinit [El amor al infinito] o La simplicitat de la vida [La simplicidad de la vida]). Sin embargo, la oscuridad nubla muchos otros versos (como los de El sentit de l’existència [El sentido de la existencia] o La necessitat de sofrir [La necesidad de sufrir]). Igelmo no había percibido estos matices hasta que se los insinuó Laia, una amiga, y esa misma noche, al llegar a casa, escribió, como sabe hacer cuando algo le toca la fibra.

Inspirado en cierta medida por los versos de los poetas Joan Tomàs Martínez y Jaume Pons, la segunda parte de su libro tiene un componente visual muy importante y elaborado, siguiendo unos parámetros lógicos (a partir de los que se intuye su formación científica: es ingeniero agrónomo). El más bonito es el que pretendía representar una herramienta y acaba por dibujar una sinuosa figura femenina, en la página 63.

Me voy a permitir la licencia de dejaros el que es, a mi juicio, el poema más bello de Solell, el título IX de la primera parte:

L’AMOR A L’INFINIT                                                                 EL AMOR AL INFINITO

… i l’infinit és el present                                                              … y el infinito es el presente

i l’infinit és el que sóc                                                                   y el infinito es lo que soy

i el que sóc no només és goig                                                      y lo que soy no sólo es gozo

només el goig això és l’infern                                                     sólo el gozo es el infierno

i a l’infern no hi vull anar                                                            y al infierno no quiero ir

jo vull anar a on tu ets                                                                  yo quiero ir donde tu estás

que tu ets el meu amor                                                                que tú eres mi amor

i el meu amor és el que et don                                                   y mi amor es lo que te doy

els teus dons de fer-me l’amor                                                  tus dones de hacerme el amor

fer-te l’amor és el que faig                                                           hacerte el amor es lo que hago

i el que faig és el present                                                              y lo que hago es el presente

el present és l’infinit                                                                      el presente es el infinito

i l’infinit el meu amor…                                                                y el infinito mi amor…

Que em perdoni n’Àngel, perquè això que havia de ser un recull de les seves vivències a Montenegro ha acabat sent un homenatge a les paraules dites. Serà cert que la seva “naturalitat indòmita” és contagiosa…

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.