La corrosión del carácter

La corrosión del carácter

sennettCrítica de La corrosión del carácter de Richard Sennett

Este “ensayo largo”, como lo define el propio Richard Sennett, comienza explicando el concepto de “capitalismo flexible”, usando “flexibilidad” para suavizar la opresión que ejerce el capitalismo. Precisamente esta flexibilidad impacta en el carácter, que, a diferencia de la personalidad, se centra en el aspecto duradero, a largo plazo, de la experiencia emocional.

La pregunta fundamental que se plantea Sennett, que da título al ensayo y que pretende resolver a lo largo de sus páginas, es: ¿Cómo es posible formar el carácter en una sociedad impaciente y centrada en lo inmediato?

Para dar respuesta a estas y otras cuestiones relacionadas con el carácter efímero de las cosas, los trabajos y las relaciones, Sennett explica las experiencias de algunas personas representativas de la sociedad norteamericana. El primer ejemplo lo protagonizan un padre y su hijo, que narran la evolución de las formas de producción en el trabajo y su influencia en las relaciones personales y familiares. Enrico (padre) se ha dedicado toda la vida a la portería, que se constituye como un trabajo lineal que permite alcanzar logros acumulativos. En cambio, Rico (hijo), gracias al esfuerzo económico de sus padres, logró ascender en la escala social al estudiar ingeniería eléctrica. El problema de Rico era que tenía que adaptarse a las necesidades laborales, que muchas veces chocaban con las familiares, hasta tal punto que el joven temía que su trabajo hubiera lanzado “a la deriva” su vida interior y emocional, llegando incluso a la “anarquía familiar”.

Otro aspecto destacable del nuevo capitalismo es el aumento de la importancia del trabajo temporal en Estados Unidos (y otros países occidentales). Sennett apunta que el objetivo de las empresas es convertirse en organizaciones horizontales y flexibles; es decir, dejar de lado su carácter piramidal y pasar a ser redes. Sin embargo, la necesidad de flexibilidad y de adaptación a los cambios requiere una gran implicación, en detrimento de la vida personal.

Por otro lado, el hecho de que nada sea a largo plazo impide que se geste una confianza en las relaciones: afecta a las relaciones afectivas, ya que implica que se reduzca el compromiso y el sacrificio. Esto es así hasta tal punto que el sociólogo norteamericano asegura que “el capitalismo del corto plazo amenaza con corroer su carácter”.

El concepto de capitalismo flexible

Para dilucidar cómo hemos llegado a este capitalismo flexible, Sennett explica la evolución de las formas productivas de un tiempo a esta parte. En el siglo XVIII, la rutina en el trabajo estaba a la orden del día, ya que la casa se constituía el centro de la economía. En ella se trabajaba, se comía y se dormía: el trabajo estaba ligado a la familia. Años más tarde se introdujo el concepto de la “división del trabajo”: Adam Smith, en La riqueza de las naciones, creía que la libre circulación de dinero dio lugar a la especialización de los trabajos. Pero Sennett considera que “para desarrollar el carácter es necesario romper la rutina”, como se hace en la actualidad.

El miedo a la rutina de Smith se trasladó algunas décadas después al fordismo (forma de producción de la Ford Motor Company entre 1910 y 1914), que se basaba en las cadenas de montaje. A raíz de estas nuevas rutinas productivas, se multiplicó el número de obreros especializados en detrimento de los artesanos especializados, puesto que éstos últimos suponían un mayor coste para la empresa en relación a la cantidad producida (cobraban más y producían lo mismo).

En los últimos tiempos, la flexibilidad está a la orden del día. El concepto flexibilidad “designa la capacidad del árbol para ceder y recuperarse, la puesta a prueba y la restauración de su forma”. Éste término se asocia a las virtudes empresariales. “La repugnancia a la rutina burocrática y la búsqueda de la flexibilidad han producido nuevas estructuras de poder y control en lugar de crear las condiciones de liberación”.

El sistema de poder propio a las formas modernas de flexibilidad está compuesto de tres elementos:

–  Reinvención discontinua de las instituciones: el nuevo régimen ha pretendido eliminar los males de la rutina en nombre de una mayor productividad. El capitalismo busca muchas veces un cambio radical e irreversible debido a la inestabilidad de la demanda del consumo.

Especialización flexible de la producción: es consecuencia de la inestabilidad de la demanda, y trata de conseguir productos más variados cada vez más rápido. De hecho, es la antítesis del sistema de producción encarnado por el fordismo. Este nuevo sistema consiste en islotes de producción especializada basados en las nuevas tecnologías: gracias a los ordenadores se tiene acceso al mercado global. Sennett, asimismo, adopta la distinción que el banquero francés Michel Albert establece respecto a los modelos de economía política: modelo renano (propio de los Países Bajos, Francia y Alemania, en este modelo los sindicatos y las empresas comparten el poder, y el Estado de bienestar proporciona un sistema de pensiones, de educación y de prestaciones sanitarias relativamente bien entretejido: la brecha de los salarios no aumenta, pero sí lo hace el desempleo) y el modelo angloamericano (más posibilidades de libre mercado, subordinación de la burocracia estatal a la economía: baja tasa de desempleo, pero existen grandes desigualdades salariales).

Concentración sin centralización de poder: el nuevo sistema da a la gente de categoría inferior más control sobre sus propias actividades.

El capitalismo flexible también afecta al tiempo de producción: aparece el denominado horario flexible (surgió con la entrada de mujeres en el mercado de trabajo): la jornada de trabajo es un mosaico de gente con horarios diferentes y más personalizados. “Muchas empresas proponen a los trabajadores: Tenemos esta tarea; hágala como le plazca, pero hágala”.

Una vez explicada la evolución histórica del trabajo, Sennett ofrece la visión que tienen los propios trabajadores de la conciencia de clase. Según él, la clase tiende a interpretarse como una cuestión de carácter personal. Un americano de clase media no lo es por su estatus o su sueldo, sino por cómo se valora a sí mismo: “Soy bastante bueno” (como el ejemplo que pone Sennett de los panaderos griegos en Estados Unidos). “La flexibilidad crea distinciones entre superficie y profundidad, y los sujetos menos poderosos de la flexibilidad están forzados a permanecer en la superficie”. De ahí que haya cada vez menos posibilidades de triunfar. La mayor parte de los trabajadores nunca tendrán la oportunidad de profundizar (reducciones de plantilla, trabajos temporales, etc.), pero sí muchas opciones de fracaso.

El riesgo en el trabajo

Para tener una oportunidad de lograr un triunfo, el trabajador en el nuevo capitalismo flexible debe arriesgarse. Sennett explica el riesgo a partir de un caso particular: Rose. Al parecer, cuando murió su marido, ésta decidió vender los negocios que tenían y montar un bar que no se preocupaba por las nuevas modas, y que, además, estaba siempre lleno. Pero decidió probar suerte en una empresa de publicidad, y tras su marcha, el bar entró en decadencia. Al cabo de un año, volvió, triste, decepcionada por lo que vivió en el mundo de la imagen. En palabras de Sennett, “a la gente de mediana edad como ella se la trata como a inútiles, y se atribuye poco valor a la experiencia acumulada”. El riesgo (que en el fondo es moverse de una posición a otra) se ha convertido en una necesidad diaria para las masas. “Quedarse quieto equivale a quedar fuera de juego”.

La ética del trabajo

Pero otro factor para alcanzar el éxito actualmente es saber trabajar en equipo. Sennett también hace hincapié en la ética del trabajo, citando a algunos de los filósofos (Pico Della Mirandola) y sociólogos (Max Weber) más importantes. El sociólogo subraya que esta forma de trabajo conduce a la superficialidad degradante en las relaciones laborales y personales. Asimismo, analiza el papel de la religión en relación a los deberes y responsabilidades de las personas. El cristiano, por ejemplo, vive en la duda total sobre si será capaz de justificar la historia de su vida. “Destrozado por el peso del pecado, el ser humano vive en un estado de constante inseguridad, sin saber si la vida conducirá a una eternidad de espantosos tormentos”.

En cuanto a ética de equipo opuesta al individuo, “el trabajo en equipo hace hincapié en la receptividad mutua más que en la validación personal”. El problema del trabajo en equipo es que representa las relaciones humanas como una farsa, puesto que lo que hacen realmente los trabajadores es competir. Y, aunque en un puesto de trabajo se requiera a personal con aptitudes para trabajar en equipo, lo que se busca en realidad es la capacidad de trabajar bien con un cambiante elenco de personajes, no con un mismo grupo de personas. Es decir, que el trabajador sea flexible a los cambios y se adapte con rapidez.

En relación al trabajo en equipo, podríamos introducir un concepto que mencionó el periodista Francis Pisani en una conferencia que dio en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) el pasado 10 de mayo: “arquitectura participativa”. El especialista en ciberperiodismo explicó algunas de las nuevas fórmulas utilizadas en la red que permiten la colaboración y la participación humanas. Concretamente hizo mención de la Web 2.0, una fórmula comercial para llamar la atención que fue acuñada a finales de 2004. Pérez Tornero la define como “un eslogan”, un nuevo estilo de participación en la red. Por su parte, el colaborador de El País, asegura que “estamos presenciando la multiplicación de iniciativas que, frente a los algoritmos y a la inteligencia artificial, apuestan a la participación humana y a las redes sociales como lo hizo Wikipedia, a diferencia de Google”. Según él, las características básicas de la Web 2.0 son:

· Facilita la interactividad. La gente la utiliza primero para comunicar horizontalmente (entre sí más que para leer las informaciones puestas en línea por medios de comunicación).

· La web pasa a concebirse como una plataforma. Todo pasa por el navegador.

· Gracias a su “arquitectura de participación” la Web 2.0 vive de las innumerables y variadas contribuciones de los usuarios.

De este modo, si un trabajador elude la flexibilidad y la necesidad de cambio constante (como la adaptación a las nuevas formas de participación en la red), está abocado inevitablemente al fracaso. El tamaño cada vez más pequeño de la elite hace que el fracaso esté a la orden del día, no sólo como consecuencia de un despido o por insuficiencias económicas, también puede deberse a no poder estructurar una vida personal coherente. Sennett pone el ejemplo de un grupo de trabajadores que acababan de perder su empleo por una reducción de plantilla de una oficina de IBM. Antes del despido, consideraban que la carrera profesional se desarrolla a largo plazo; al quedar en el paro, tuvieron que buscar interpretaciones alternativas al hecho de que hubieran fracasado. Primero tildaban de “traidora” a la empresa; luego echaban la culpa a la economía global (puesto que IBM se encontraba en crisis); más tarde empezaron a hablar de sus valores profesionales (lo que podrían y deberían haber hecho durante sus carreras profesionales). El capitalismo moderno irradia indiferencia, a través de la reestructuración de instituciones en las que la gente se trata como prescindible, lo que disminuye la sensación de importar como persona, de ser necesario a los demás. Quizá de ello se derive el gran número de bajas por depresión, estrés y otras enfermedades psíquicas de las nuevas generaciones. Por ello resulta difícil afianzar, consolidar, nuestro carácter.

Me parece importante, para finalizar, destacar cómo concluye Sennett La corrosión del carácter: “No sé cuáles son los programas políticos que surgen de esas necesidades internas, pero sí sé que un régimen que no proporciona a los seres humanos ninguna razón profunda para cuidarse entre sí no puede preservar por mucho su legitimidad”.

Todas las citas están extraídas de:

Richard Sennett: La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Editorial Anagrama. Barcelona, 2000.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.