Retrato moderno del ‘voyeurismo’

Retrato moderno del ‘voyeurismo’

conversacionEl primer plano de La conversación (1974) refleja casi a la perfección el transcurso de la misma: una vista aérea general que se va acercando a los “protagonistas” para acabar en un primer plano. Francis Ford Coppola nos presenta en este film un retrato moderno del voyeurismo, de la obsesión de su protagonista por el perfeccionismo en su trabajo, su única razón de vida, a través del que vamos conociéndole y que, finalmente, acaba traicionándole.

Gene Hackman, en una interpretación notablemente reservada e interiorizada, da vida a un experto en vigilancia que se siente más cómodo escuchando las conversaciones de extraños a cientos de metros de distancia que con unos amigos en la misma habitación. Es un hombre triste, tímido y solitario con muchos secretos que pasa la vida tocando el saxofón en su apartamento espartano. Pero un fragmento de conversación que brota de una confusión estática le llama la atención. Preocupado por la distancia que impone la profesionalización, Hackman personaliza la investigación. Percibiendo una tragedia inminente, intenta resolver el misterio oculto en sus revueltas cintas de vigilancia antes de que sea demasiado tarde, y descubre que las dos únicas cosas en que confía en el mundo – sus ojos y sus oídos – le han engañado.

A pesar de que este film se rodó entre las magistrales obras del cineasta de Detroit El Padrino y El Padrino II, La conversación contiene escenas memorables e inolvidables, como la última, en la que pierde la razón, así como una banda sonora de jazz de lujo y un audio aún mejor, en especial el que se asocia a las escuchas del protagonista.

La conversación, tan triste como cínica, se estrenó poco después de las escuchas ilegales de Watergate y la investigación que provocaron cuando la vigilancia y la deshonestidad llegaron a conocimiento público. Pero Coppola también presenta un estudio posmoderno del voyeurismo. A medida que el Harry Caul que interpreta Hackman va descubriendo más claves sobre su hallazgo, montando una verdad horrible a partir de fragmentos y pedazos de conversaciones que alimenta su propia imaginación, descubrimos más sobre él. Y cuando la obsesiva investigación de Caul se viene abajo, se ha quedado virtualmente sin nada: sin amigos, sin posesiones, sin vida y sin libertad frente a una paranoia que lo invade todo rápidamente. “Venerado por sus colegas por su habilidad, Caul es un fraude, un hombre roto cuya incertidumbre sobre el mundo que le rodea le ha robado la identidad”, apuntan los críticos en 1001 películas que hay que ver antes de morir.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.