Koh Kong, el último paraíso de Camboya

Koh Kong, el último paraíso de Camboya

Path in the mangrove forestLas impresionantes cascadas, las islas vírgenes y los magníficos manglares hacen de Koh Kong el olimpo de los amantes de la naturaleza

Hoy me gustaría describir uno dos de los días más inolvidables de mi viaje a Camboya. Todo empezó en el pueblo de Koh Kong, al sudoeste de Camboya, un auténtico paraíso que me temo que dejará de serlo en cuanto algunos inversores destrocen la belleza del lugar inundándolo de Resorts.

A mediados de diciembre de 2013 llegué a Koh Kong al mediodía, tras abandonar el “Magalluf” de Camboya, denominado Shianoukville. Nada más llegar, tenía ganas de acción. En el hostel donde me alojaba me ofrecieron llevarme en moto a las cascadas, en medio de la selva, y me pareció una idea excelente. Así que me subí en la scooter con el hermano del director del hostel y nos adentramos en la selva tras recorrer 10 kilómetros de camino de tierra sin asfaltar.

De camino a las cascadas de Koh Kong

Durante el recorrido en medio de la selva, entre el barro y los riachuelos, y esquivando las ramas de los árboles que nos arañaban la cara y los brazos (como es habitual, ninguno de los dos llevábamos casco) el driver perdió el control de la scooter y nos caímos en un pequeño arroyo. No fue grave, pero dos días después tenía una contusión en el muslo que me ha durado más de dos meses. Aún así, valió la pena. Cuando llegamos a las cascadas, la sensación de paz que se respiraba, a pesar de la intensidad del rugido del agua precipitándose entre los rápidos y las rocas, fue indescriptible. Por primera vez desde que llegué a Camboya pude sentirme liberada. Alejada del caos de la conducción del sudeste asiático, de la suciedad, la pobreza y el ruido, allí se respiraba la naturaleza, el agua olía a frescura, la vegetación a vida. No había nadie.

Spa natural en las cascadas

En el punto donde el agua se batía más pacíficamente entre cascada y cascada me di un baño que me supo a gloria. Sentía algunos animales rozándome las piernas, pero no me importaba. Simplemente estaba disfrutando de la paz y de la inmensidad de la naturaleza selvática. Cuando volví a las rocas donde me esperaba el driver, este me indicó que debía darme una ducha natural justo debajo de las cascadas. Cuando me acerqué, centenares de pequeños animales con forma de gusanos se acumulaban en las pequeñas aguas estancadas que había entre las rocas. Me acerqué por fin a la cascada y, asiéndome con prudencia a las rocas, fui adentrándome por las resbaladizas piedras sobre las cuales caía fuertemente el agua. Al principio sentí miedo, de resbalarme por la presión del agua y caerme entre los rápidos, pero al final fue una experiencia única que no dudaría en repetir todos los días si ese paraíso estuviera también en Mallorca. Dejé que el agua que caía de la cascada recorriera todo mi cuerpo, con tal fuerza que mis músculos se ondulaban como si me estuviera tirando en paracaídas. Sin duda puedo afirmar que se trata del mejor spa en el que he estado en mi vida. Eso sí, sin garantías de sufrir un accidente irreparable. He publicado algunas fotos del Viaje a Camboya en la sección de Viajes.

Bosques de manglares del santuario silvestre de Peam Krasop

Después de ese baño único nos dirigimos a los bosques de manglares (Mangrove Forest), un lugar mágico y, además, vital, porque sus inmensas raíces protegen a la costa de posibles tsunamis. Al parecer y, según Generación Natura, “en el santuario silvestre de Peam Krasop, en la provincia de Koh Kong, los manglares juegan un papel vital en el equilibrio de los ecosistemas del litoral, además de proteger arrecifes coralinos y praderas, a la vez que retienen sedimentos que nutre la vida del mar”. Fue toda una experiencia pasear por la pasarela sin ningún tipo de barandilla que se adentraba entre los extraordinarios manglares. También me encontraba en absoluta soledad, porque los turistas suelen visitar estos bosques por la mañana, en tours organizados. Tras sentarme alrededor de media hora en una de las pasarelas, limitándome a escuchar el silencio, a veces interrumpido por algún tipo de pájaro que no pude identificar, regresé al hostel, me di una ducha y, por fin, dormí casi siete horas seguidas.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.