Je veux voir

Je veux voir

Je_veux_voirCuando la realidad supera la ficción, resulta muy complicado plantear una película que sea fiel a la realidad sin parecer pretendidamente dramática. La tentación de tratar las complejidades de un país tan heterogéneo y dolido como el Líbano desde la óptica cinematográfica es muy comprensible, pero también arriesgada. En 2007 el film Caramel superó el reto con éxito. No sólo por tratar sin complejos las grandes diversidades religiosas y sociales que conforman un país del tamaño de Asturias, sino también por la gentileza a la hora de tratar un tema pretendidamente alejado de las cruentas guerras que ha sufrido el antiguo territorio del Imperio Otomano.

Aunque esta comedia dramática fue todo un ejemplo de genialidad (tanto por parte de la dirección, a cargo de Nadine Labaki, como de los actores) y un retrato muy natural de la belleza de Beirut, el rastro bélico (tanto de la guerra civil de 1975 a 1990 como del ataque israelí el verano de 2006, en plena reconstrucción de una capital destrozada) es indudable y resulta casi inevitable que los cineastas le dediquen una especial atención. Es el caso de Khalil Joreige y Joana Hadjithomas, responsables del film documental Je veux voir, emitida el pasado junio en algunos cines españoles (para sorpresa de muchos, durante muy poco tiempo y en escasas salas). Joreirge explicó para la revista Cahiers du cinéma el origen de la idea: “Después de 33 días de guerra, una vez volvimos a Beirut, fuimos al sur del Líbano, que se había convertido en un lugar supermilitarizado, donde era muy difícil filmar y, por tanto, estábamos de nuevo ante imágenes propagandísticas y simplificadoras”. De ahí que buscaran mostrar la realidad de forma explícita, sin rodeos. Para ello contaron con la colaboración de Catherine Deneuve, dispuesta a trabajar sin cobrar nada y enfrentarse a los evidentes peligros que envolvían todo el rodaje.

El contexto de la película nace en verano de 2006, durante el transcurso de la guerra en el sur del Líbano, que fue motivada por el secuestro de dos soldados pertenecientes a la organización chií Hezbollah por parte de las tropas israelíes. Unos meses más tarde se inició el rodaje de este film, cuando todavía aviones militares sobrevolaban los territorios del sur libanés y el miedo permanecía latente en sus habitantes. Catherine Deneuve y Rabih Mroue (el actor libanés que acompaña a la intérprete francesa) recorren Beirut y el sur del Líbano para ver con sus propios ojos los estragos de la guerra. Tras esa incursión por las ruinas postbélicas, los actores regresan al hotel, donde les espera una cena con elegantes personalidades políticas y centenares de flashes deslumbrándoles. Deneuve se siente totalmente desconcertada, había olvidado cuál era su realidad. Hasta que Mroue le dedica una mirada de complicidad y regresa de nuevo al recuerdo de lo que tanto había ansiado: ver.

Je veux voir, a medio camino entre la ficción y el documental, duele. Sobre todo a los enamorados del Líbano, que ven, a través de los ojos de Catherine Deneuve y Rabih Mroue, un país en ruinas.

Los cineastas libaneses trataron de alejarse en su film de los paralelismos que el maestro de la nouvelle vague (la nueva ola) Jean-Luc Godard estableció entre israelíes/palestinos y ficción/documental. Querían percibir la realidad libanesa o, en sus propias palabras, “hacer perceptible aquello que no es aparente”. En este punto nace el título del film (Je veux voir). Al fin y al cabo, el cine documental está para esto: para hacernos reflexionar y entender, y, sobre todo, para enseñarnos a ver.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.