El dilema del prisionero, reflejo de la naturaleza humana

El dilema del prisionero, reflejo de la naturaleza humana

Me and nikonEn recientes titulares de los medios de comunicación nacionales podía leerse: “Bárcenas pasa al ataque contra Rajoy y amenaza con contarlo todo ante el juez”. El principal temor del Partido Popular en el caso de los papeles de Luis Bárcenas era que el extesorero entrara en prisión. Y no eran temores infundados. Bárcenas entregó poco después de su encarcelación una parte de los documentos originales al periódico El Mundo, en una pretendida ofensiva contra el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Ante estos hechos ha acudido a mi mente el dilema del prisionero, un problema de la teoría de juegos que muestra la tendencia humana a abogar por el interés individual a sabiendas de que lo mejor para ambas partes es la cooperación.

Tradicional dilema del prisionero
En el tradicional dilema del prisionero, la policía arresta a dos sospechosos de cometer un crimen. Dado que no hay pruebas suficientes para condenarlos, les ofrecen el mismo trato de forma independiente. Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena máxima de diez años de prisión, mientras que el primero será liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y el otro quedará libre. Si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años. Si ambos niegan los hechos, encerrarán a ambos seis meses.

Una vez puestos en situación, los dos sospechosos deben tomar una decisión, planteándose si abogar por el bien común o, egoístamente, apostar por el interés individual. Es evidente que lo mejor para ambos es que ninguno confiese y cumplan ambos una pena de seis meses. Si se tiene en cuenta únicamente al individuo, lo mejor es confesar independientemente de lo que haga tu compañero, pero si se prefiere considerar el bien colectivo, lo ideal es que ambos sospechosos callen y cumplan una condena de seis meses.

El dilema de Bárcenas
En el caso de la presunta contabilidad B del Partido Popular, Bárcenas había optado por una táctica defensiva hasta entrar en prisión. Pero ahora está dispuesto a hablar y a asegurar ante el juez que esos papeles son reales y que corresponden a pagos que se hicieron a la cúpula del PP. A pesar de las trágicas consecuencias que tendría para Bárcenas certificar la veracidad de unos papeles que había calificado como falsos ante el juez previamente, la rabia se cierne sobre el extesorero del Partido Popular. En sus manos está el hundimiento del gobierno actual, aunque ese cataclismo represente a su vez su ruina. Es posible que la traición le haya sumido en un estado de desolación y furia que le conduzca a saciar su sed de venganza antes que minimizar la pena de su delito. En este caso, como en el tradicional dilema del prisionero, es evidente que lo mejor para ambas partes es que ninguna confiese. Pero también está claro que lo mejor para el bien común es que ambas confiesen. Aunque la clase política de este país nunca se ha caracterizado por una férrea defensa del bien común.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.