El abencerraje

El abencerraje

Una historia de generosidad en tierras fronterizas

Ya en el siglo XVI, el tema de la frontera como ambiente conflictivo comenzó a hacerse evidente debido a las batallas entre moros y cristianos. Ello se refleja en El Abencerraje, concretamente en la edición Inventario de la novela (objeto de nuestro estudio), que se publicó en 1565 y cuya autoría se otorga a Antonio Villegas. Pero El abencerraje no sólo hace eco de la problemática fronteriza, sino que también constituye, según López Estrada, el punto de partida del género morisco (entendido por Claudio Guillén como “la novela histórica en la que se mezclan materiales ficticios y documentados”). La frontera se constituye como una traba perpetuada en el tiempo, que ha llegado a la actualidad atestando las portadas de los periódicos como motivo básico de la conflictividad bélica, civil o cultural (por cuestiones de raza, religión y posición económica, básicamente), o que, tocando la fibra sensible de muchos escritores afectados, adopta la forma de literatura reivindicativa, agotada ya de tanto sufrimiento. Es el caso de Luis Humberto Crosthwaite y su Misa fronteriza que, en forma de oración, critica los alambres de espinos que dividen la sociedad norteamericana y mexicana no sólo físicamente, sino también desde lo más profundo de sus raíces, de sus entrañas, y que ha generado inevitablemente un odio acérrimo al presidente norteamericano George Bush (y todo lo que le envuelve), culpable, entre otros, del levantamiento de esas murallas casi infranqueables.

Pero el tema fronterizo de la novela (para muchos estudiosos, como López Estrada, se puede calificar de “novela” ya que atiende a muchas de las características de la novella italiana, que en aquel entonces se encontraba en su momento álgido) se desarrolla a partir de otro pilar de El abencerraje: el amor. El método de Antonio Villegas consistió “en colocar un idilio ficticio no en tierras fabulosas sino en un escenario histórico y geográfico marcado por el conflicto entre razas y religiones”, en palabras de Guillén. En este punto precisamente se sustenta el fragmento seleccionado.

Este texto se encuentra en el segundo de los núcleos que, a juicio de Gimeno Casalduero, dividen la novela. En él aparecen dos personajes fundamentales: el moro Abindarráez y la hermosa Jarifa. Abindarráez era morisco perteneciente al poderoso clan de los Abencerrajes que se introdujo en Al-Andalus procedente del norte de África. Fue así hasta que se produjo la matanza de los Abencerrajes en Granada (1472), en la que sólo sobrevivieron dos miembros: uno de ellos era Abindarráez. Su historia se basa en cuatro momentos consecutivos: “Nascido en Granada, criado en Cártama, enamorado en Coín, frontero de Álora”. Cuando mataron a todos los miembros de su clan, Abindarráez compensó su soledad, en Coín, con el cariño que le proporcionó Jarifa, a la que consideraba su hermana y con quien compartió todos los momentos de su infancia (“Nunca me acuerdo haber pasado hora que no estuviésemos juntos”).

De hecho, la hermandad es uno de los motivos que se mencionan en la novela en relación al amor (Abindarráez y Jarifa se sienten hermanos, como en el mito de Dafnis y Cloe). Con el tiempo, se comenzará a dar un “titubeo entre la hermandad y el amor”, en palabras de Guillén, y que constituye el tema del fragmento que nos concierne. Esta particularidad es propia de la novela griega, inevitable aludir el mito de Píramo y Tisbe en esta fase del nacimiento del amor que establece Gimeno Casalduero. Pero las reminiscencias mitológicas no se reducen sólo a eso, sino que también están presentes en la confusión que se deriva del amor (Narciso), y cuando el amor empieza a dibujarse (mito de Sálmacis y Troco).
En un principio es un amor puro, limpio, bañado de inocencia, y, por tanto, deja de lado la perversidad o el mero deseo carnal propios de la edad adulta (“Nasciónos de esta conformidad un natural amor que fue siempre creciendo con nuestras edades”). Ya apunta Guillén: “Sólo la niñez permite que dos seres vivan hasta tal punto juntos”. En relación a esto, es necesario mencionar la presencia de un recurso literario, la anáfora, que hace hincapié en ese sentido de compartir la infancia (“Juntos nos criaron, juntos andábamos, juntos comíamos y bebíamos”).

Pero a medida que van creciendo, va creciendo su amor (amor por elección, no por imposición), hecho que se hace evidente cuando Abindarráez acude a la fuente en la que se encuentra Jarifa, y la compara con la diosa Sálmacis (alusión a la literatura clásica, a La metamorfosis de Ovidio), una ninfa que se peina junto al agua (como Jarifa, que aparece “componiendo [peinando] su hermosa cabeza”). Entonces Abindarráez desea ser Troco, para fundirse completamente con ella. En este punto reside la idea que defiende Guillén de unificación, esa “unión de los amantes implica, en última instancia, la unidad de cada uno”.

Guillén subraya que “lo espiritual y lo corpóreo, lejos de dividirse, aquí intentan aproximarse, pues lo que se perpetúa en el alma del moro es la hermosura de Jarifa”. De hecho, esta idea de belleza, de hermosura, se repite en tres ocasiones en este fragmento (“su hermosa cabeza”, “vencido de su hermosura”, “esta hermosa diosa”). En cuanto a aspectos formales, el tipo de narrador es cambiante a lo largo de la novela. Comienza en tercera persona, como si de un cuento se tratara. En el fragmento que nos atañe, en cambio, se relatan los hechos en primera persona, desde el punto de vista del moro Abindarráez. En la segunda parte del texto en cuestión se introduce un diálogo, en el que Abindarráez y Jarifa tratan de discernir la veracidad o falsedad de su hermandad. Jarifa le pregunta qué pierde el moro en que sean hermanos. Y éste concluye con un “Pierdo a mí y a vos”, en una declaración final de amor, que ya ha dejado de ser fraternal.

No olvidar en este punto la idea de “libertad corporal y prendimiento de corazón” que irá evolucionando a lo largo de la novela, cuando Abindarráez sea apresado, primero físicamente, luego emocionalmente. Ya proclamó Luis Cernuda en su poema Si el hombre pudiera decir (Los placeres prohibidos): “Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien”.

Fragmento de El abencerraje analizado: De la hermandad al amor entre Abindarráez y Jarifa (página 142 de la edición Cátedra de Francisco López Estrada, desde “Ésta y yo en nuestra niñez…”; hasta la página 144, línea 9: “Pierdo a mí y a vos, dije yo”).
Ésta y yo en nuestra niñez siempre nos tuvimos por hermanos porque así nos oíamos llamar. Nunca me acuerdo haber pasado hora que no estuviésemos juntos. Juntos nos criaron, juntos andábamos, juntos comíamos y bebíamos. Nasciónos de esta conformidad un natural amor que fue siempre creciendo con nuestras edades. Acuérdome que entrando una siesta en la huerta que dicen de los jazmines, la hallé sentada junto a la fuente, componiendo su hermosa cabeza. Miréla vencido de su hermosura, y parescióme a Sálmacis y dije entre mí: “¡Oh, quién fuera Troco para parecer ante esta hermosa diosa!”. No sé cómo me pesó de que fuese mi hermana; y no aguardando más, fuime a ella y cuando me vio con los brazos abiertos me salió a rescebir y, sentándome junto a sí, me dijo: “Hermano, ¿cómo me dejaste tanto tiempo sola?”. Yo la respondí: “Señora mía, porque ha gran rato que os busco, y nunca hallé quien me dijese dó estábades, hasta que mi corazón me lo dijo. Mas decidme ahora, “¿qué certinidad tenéis vos de que seamos hermanos?”. “Yo, dijo ella, no otra más del grande amor que te tengo, y ver que todos nos llaman hermanos”. “Y si no lo fuéramos, dije yo, ¿quisiérasme tanto?”. “No ves, dijo ella, que, a no serlo, no nos dejara mi padre andar siempre juntos y solos?”. “Pues si ese bien me habían de quitar, dije yo, más quiero el mal que tengo”. Entonces ella, encendiendo su hermoso rostro en color, me dijo: “¿Y qué pierdes tú en que seamos hermanos?”. “Pierdo a mí y a vos”, dije yo.

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.