Egipto: En una encrucijada

Egipto: En una encrucijada

egiptoAnte la inquietud de algunos de mis amigos por mi inminente viaje a Egipto, considero importante explicar los motivos por los que he decidido no aplazar este viaje pese a la escalada de la tensión social, política y económica que está viviendo el país.

Su posición entre el mar Mediterráneo y el Mar Rojo, conectados actualmente por el canal de Suez, y el dominio territorial de la península del Sinaí, hacen de Egipto un lugar estratégico y un trascendental enlace entre los tres continentes que baña el Mediterráneo: Europa, África y Asia. Desde el esplendor de la antigua civilización Egipcia, pasando por la presencia de los mamelucos y su papel en el Imperio Turco tras la desintegración del Imperio Otomano, Egipto ha sido un territorio codiciado por las grandes potencias europeas, como Francia o Gran Bretaña.

Tras la nacionalización del canal de Suez por parte de Gamal Abdel Nasser y la guerra del Yom Kippur contra Israel en 1973, Egipto consolidó su dominio territorial de la península del Sinaí, aunque la franja de Gaza permaneció bajo control israelí después de que las fuerzas árabes fueran derrotadas en la Guerra de los Seis Días de 1967.

Desde los años ochenta, la dictadura de Hosni Mubarak defendió la formación de un Estado palestino y mejoró las relaciones con los vecinos árabes, pero las ansias por un estado democrático permanecían latentes en una sociedad hastiada. Finalmente, en febrero de 2011, con el inicio de la Primavera Árabe y las famosas manifestaciones de la plaza Tahrir (de la Liberación) de El Cairo, se derrocó la dictadura de Hosni Mubarak tras más de treinta años en el poder. Sin embargo, el primer gobierno democrático egipcio, liderado por Mohammed Morsi, de los Hermanos Musulmanes, duró solo dos años, ya que en julio de 2013 el ejército dio un nuevo golpe de Estado tras tachar a los Hermanos Musulmanes de “organización terrorista”. Desde entonces el país se ha sumido en el caos, con un jefe de Estado elegido por el ejército, sin sistema electoral, sin orden ni concierto.

Egipto se ha convertido en un polvorín condicionado por el miedo, con un futuro político incierto y una inseguridad económica que recientemente se ha debatido en la convención internacional de Sharm El-Sheikh, en la que Egipto pretendía ser el foco de atención de inversores extranjeros.

Pero la incertidumbre política y los crecientes conflictos entre el régimen militar que lidera Egipto y los opositores (ya sean los Hermanos Musulmanes y/o los partidarios de la consolidación democrática) no son el único frente activo y preocupante en el país transoceánico. El avance implacable del Estado Islámico en el Sinaí es una de las principales amenazas de Egipto, ya que Wilayat Sinaí (ramificación del IS en Egipto) domina el norte del Sinaí y, como publicó el ISW (Institute for the Study of War) el 12 de marzo, “parece que se está preparando para una campaña de atentados con coches bomba”.

Después de que el EI arrasara la ciudad asiria de Nimrod en Irak, destruyendo a su paso el patrimonio cultural e histórico de toda una civilización, ¿quién puede garantizar la seguridad de la antigua civilización egipcia? El avance de la organización terrorista parece inevitable e imparable en su conquista territorial de lo que autoproclaman “califato”.

Y me gustaría poder contemplar los vestigios de la civilización egipcia antes de que la extermine el Estado Islámico con su ignorancia, brutal violencia y absurda interpretación del Islam.

© Foto: Thomas Dworzak/Magnum Photos

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.