Beirut, I love you

Beirut, I love you

Escritora de 'Beirut, I love you' © El PeriódicoEl libro comienza con el miedo. El pánico a ser árabe en una Nueva York desolada tras los atentados del 11-S, donde el color de la piel y los orígenes árabes convertían a una persona en sospechosa de terrorismo. Zena El Khalil (Londres, 1976) estaba allí cuando cayó la primera torre y, al instante, además de tristeza, sintió miedo. Pero unos años antes de trasladarse a Estados Unidos, El Khalil vivió una historia de amor en el Líbano. Se enamoró de Beirut, a pesar de que allí las bombas podían empezar a caer en cualquier momento, a pesar de que las milicias armadas delimitaran su territorio (muchas veces a golpe de Kalashnikov), a pesar de que se humillara y asesinara injustificadamente a los palestinos que trataban de rehacer sus vidas en los campos de refugiados del sur. Allí conoció a su mejor amiga, Maya, en la universidad, con quien luchó para dar sentido a sus vidas. El Khalil describe en este precioso libro una ciudad sumida en el caos, herida por la guerra, pero indiscutiblemente viva, de la que resulta imposible no enamorarse. Os dejo un fragmento de Beirut, I love you (Siruela, 2009):

Era una tarde húmeda y calurosa. Las tardes árabes son como manchas de helado de chocolate en la comisura de los labios. Son dulces y pegajosas. Son jazmines en flor […]. Cuando terminó la guerra civil, vi la marginación de los palestinos en los campos de refugiados. Vi cómo la gente quería olvidarlos. Vi cómo la gente los culpaba de todo lo que había ido mal en el Líbano. Y, poco a poco, la gente dejó de tenerlos presentes. Los muros de cemento que los rodeaban fueron siendo cada vez más altos y aislándolos del resto del país. El gobierno no se hacía cargo de su situación. El gobierno se negaba a reconocer la realidad de los refugiados, se negaba a proporcionarles servicios sociales. Les ponía limitaciones a la hora de conseguir un trabajo u obtener la nacionalidad. Y allí están ahora, sentados en esas celdas de detención a las que llaman “campos”, sin identidad, sin esperanza, sin futuro, sin electricidad, sin agua, sin escuelas, sin aire puro y con muy poco cielo. Simplemente se sientan y aguardan y esperan poder regresar a su patria algún día. Ahora hay generaciones de niños que han nacido aquí mismo, en el Líbano, pero cuyo único sueño también es volver a casa. Viven en la miseria y la pobreza, pero sus corazones arden de orgullo y tienen la firme creencia de que su vida en esos campos es provisional. Creen en Palestina. Creen que vienen de una gran nación. Y creen que un día regresarán.

© Foto: El Periódico

Soy periodista, con una inclinación natural e inevitable por el Líbano en particular, y, en general, por todos los conflictos aparentemente minoritarios que podrían extrapolarse al resto del mundo. Estudié Periodismo y Humanidades y realicé un máster en Edición de Libros en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente estoy volcada en el Grado de Estudios Ingleses y soy adicta al trabajo, a la literatura y a la fotografía. Desearía que los días tuvieran más horas para poder poner en práctica todas las ideas y proyectos que sueño en las pocas horas que duermo.

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